Crecimiento salarial y beneficios empresariales de la economía española: un binomio divergentes | Opinión |

Santiago Zafrilla Pina, economista y secretario general de la FSC-CCOO de Albacete.

¿Qué está ocurriendo en el mercado de trabajo?, ¿Se puede explicar la divergencia de crecimiento entre salarios y beneficios empresariales mediante la macroeconomía? Perfectamente, cualquier efecto en la economía tiene una o varias causas, basta con identificarlas: básicamente en este caso es porque se ha producido un proceso de domesticación o sumisión de la fuerza de trabajo de nuestro país, a base de miedo y campañas sistemáticas de desinformación sostenidas en el tiempo. Lo cual da pie a pensar que el incremento de la desigualdad obedece a un plan de intereses espurios.

Una vez escuché quejarse a alguien porque le había solicitado el teléfono a un economista y este le había dado una estimación del número. Ello da una idea de lo difícil que es a veces comprender lo que pasa por la cabeza de un economista, sobre todo si este cree con frecuencia que el mundo real es un caso particular del modelo general. En cierto modo los economistas somos tan retorcidos como los meteorólogos, usamos las mismas herramientas matemáticas y sin duda somos capaces de explicar mejor el pasado que predecir el futuro, unos con tormentas de granizo y los otros con tormentas monetarias, al fin y al cabo, es lo mismo: devastación y miedo. No obstante, la meteorología es una ciencia, de momento, natural y la economía es una ciencia social en la que muchas veces desafortunadamente el juego es de suma nula, es decir, para que alguien gane, alguien tiene que perder, algo absurdo porque, en el fondo, la ciencia económica trata de que todos ganemos y de que se distribuyan los bienes o la riqueza de la forma más eficiente y justa posible.

Como cualquier mercado, el mercado de trabajo se puede describir perfectamente mediante un par de ecuaciones, una correspondiente a la demanda de trabajo y la otra correspondiente a la oferta de trabajo. Con solamente dos líneas de texto matemático podemos ver la evolución de sus variables (salario, empleo, etc.). Sin embargo, el lector puede estar tranquilo, porque en este artículo no escribiré ninguna expresión algebraica. Lo que pretendo explicar en este artículo es tan claro y palpable que cualquiera de nosotros lo ve en el día a día.

Antes de seguir he de advertir que para la ciencia económica la demanda de trabajo es la cantidad de mano de obra que las empresas requieren dado un salario, y no hay que confundirla con las demandas de empleo, que son precisamente las personas que buscan dicho empleo. Simétricamente ocurre lo mismo con la oferta de trabajo, que es la cantidad de mano de obra que los trabajadores ofrecen dado un salario, y no hay que confundirla con las ofertas de empleo, que son los puestos de trabajo que desean cubrir las empresas.

Normalmente las leyes o funciones de oferta de cualquier bien, y el trabajo lo es, son crecientes con los salarios, esto significa que a medida que las empresas necesitan más mano de obra, el salario, que es el precio de equilibrio entre oferta y demanda en este mercado, se incrementa. Esto ocurre a nivel microeconómico o de mercado individual y también a nivel macroeconómico o de mercados agregados. Básicamente es una ley universal como la gravedad, lo normal es que la manzana caiga hacia el suelo. Y lo normal es que a medida que se incrementa de forma generalizada la demanda de trabajo, también se incremente el salario nominal y el real en el punto de equilibrio con la oferta.

Lo atípico es que en un escenario de crecimiento del PIB, como el que se está produciendo ahora, situado en niveles cercanos a los de antes de la crisis, los salarios sigan estancados e incluso decreciendo en términos reales. No obstante, no ocurre lo mismo con los beneficios empresariales, que siguen creciendo. Dando ello origen al incremento de la brecha de la pobreza y a la desigualdad social, así como al freno del despegue de la demanda interna vía consumo.

El crecimiento actual es por causa en parte de los vientos de cola que tenemos en nuestra economía: decrecimiento de los precios del petróleo, gran afluencia de turistas e incremento de la demanda externa. En estos casos la causa no puede atribuírsele al buen hacer del Gobierno de la Nación, sino a causas exógenas de sobra conocidas. De todas formas, sea como fuere el origen del crecimiento y lo que pueda durar, las rentas derivadas de los beneficios empresariales hace ya tiempo que salieron de la crisis, y las rentas derivadas de los salarios se encuentran todavía en plena tormenta. La distribución del crecimiento económico es desigual y la clase obrera pierde capacidad adquisitiva, mientras la mayoría de empresas multiplican sus beneficios. La precariedad laboral campa por todo nuestro país.

¿Qué está ocurriendo en el mercado de trabajo?, ¿Se puede explicar la divergencia de crecimiento entre salarios y beneficios empresariales mediante la macroeconomía? Perfectamente, cualquier efecto en la economía tiene una o varias causas, basta con identificarlas: básicamente en este caso es porque se ha producido un proceso de domesticación o sumisión de la fuerza de trabajo de nuestro país, a base de miedo y campañas sistemáticas de desinformación sostenidas en el tiempo. Lo cual da pie a pensar que el incremento de la desigualdad obedece a un plan de intereses espurios.

El miedo grabado en el subconsciente colectivo por los efectos de la crisis ha hecho que se modifiquen los parámetros estructurales del modelo de nuestro mercado de trabajo. Es lógico pensar que la oferta de trabajo sea menos selectiva ahora en función del salario que antes. Sin embargo, hay otros factores que también han hecho variar el mecanismo de formación de salarios respecto del periodo antes de la crisis.

Uno de los factores que han tenido más peso en la sumisión de la fuerza de trabajo ha sido la sustitución de la función de oferta de trabajo colectiva por la función de oferta de trabajo agregada. El matiz o diferencia entre una y otra no es pequeño. La primera es la forma de funcionar la oferta de trabajo mediante sindicatos fuertes, remando en una única dirección y negociando convenios laborales sectoriales; la segunda corresponde a una oferta de trabajo obtenida como agregación de las funciones de oferta de trabajo individuales y proliferando los convenios de empresa que no hacen otra cosa que reducir de forma generalizada el salario de equilibrio.

Las campañas de intoxicación informativa, respecto del papel que juegan los sindicatos de clase en la distribución de la riqueza en la sociedad, también han influido en generar asimetrías en la asignación de la renta entre los distintos factores productivos como es el capital y el trabajo. Ese es el único fin de esas campañas insidiosas, inclinar la balanza de la riqueza hacia el lado de los que más tienen, algo de lo que afortunadamente la clase obrera y la sociedad en su conjunto se han dado cuenta ya.

La Administración también contribuye en la precariedad laboral y salarial, mediante la externalización de servicios vía contratas que tienen a sus empleados en régimen de semiesclavitud, compitiendo por ganar los concursos a base de minorar el salario y derechos del personal de las empresas. Por no hablar de las sucesivas congelaciones salariales que han experimentado los trabajadores y trabajadoras de las distintas Administraciones Públicas, lo que ha originado una gran pérdida de poder adquisitivo a lo largo de los años. Las Administraciones Públicas -quienes las gobiernan- han generado también miedo entre la clase obrera mediante la aplicación de leyes represivas como la denominada ley mordaza, con el fin de reprimir a la fuerza del trabajo cuando se expresa en la calle en contra del abaratamiento y flexibilización del despido, lo que ha contribuido también a la modificación estructural del modelo de relaciones laborales y funcionamiento del mercado de trabajo.

Además de incidir en que los salarios deben incrementarse por encima de la inflación en estos momentos o que simplemente deben incrementarse en términos reales por motivos de justicia social, hay también motivos de eficiencia asignativa para que los salarios se incrementen como es el hecho de la acumulación de stock de capital, tal y como se está produciendo ahora por incremento del PIB, y el incremento del papel que juega la tecnología, que hace que se incremente la productividad del trabajo. Todo ello nos llevaría también, por sentido común, a un incremento de los salarios.

No hay indicios en la actualidad de recalentamiento de la economía vía procesos inflacionarios, por tanto la mejor forma de activar el consumo es incrementando la renta real de los hogares mediante el incremento de los salarios y la creación de empleo de calidad, que ejercerían un efecto multiplicador en el crecimiento sostenible del PIB y sobre todo una distribución de rentas más justa. Las fórmulas mágicas de la economía clásica o neoliberal, como la austeridad en el gasto público y la moderación salarial, nos están llevando a reflotar la economía, pero no a las personas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *