La pareja del año, el lobo y el lince ibérico. Dos símbolos de esperanza para el 2018. | Artículo de opinión | Por Emilio Ortiz

Por Emilio Ortiz

Me gustaría despedir este 2017 haciendo un brindis por VOSOTROS. Agradeciendo A todas las personas que habéis hecho posible todos los momentos agradables que he tenido.

Un éxito continuado de mi último libro y otros proyectos que pronto verán la luz, son motivos más que suficientes para sentirme orgulloso de mi trabajo y agradecido por tener un público tan fiel e interactivo que en tan poco tiempo, ha conformado una gran familia a lo largo de todo el mundo.

Os invito a que terminéis este año con el sabor de la esperanza en los labios y a que el optimismo sea la base principal de todas vuestras ideas.  La realidad de nuestro planeta es tal, que en ocasiones sentirse esperanzado es casi sinónimo de un acto de autoengaño. Los conflictos, las guerras, las vidas que se truncan por culpa de nuestra codicia, una crisis económica y social que devasta al mundo entero y a nuestro país, vecinos y ciudadanos que viven a escasos metros de nuestras casas que son desahuciados de la vida a empujones, son algunos escasos ejemplos de los muchos males generados por el sistema socioeconómico en el que vivimos, cuyo principal error no es otro que una pésima gestión de la hegemonía que ejerce la especie humana sobre el planeta.

Sirva como nefasto ejemplo de lo anteriormente citado, la cantidad de animales no humanos que se han extinguido a lo largo de la historia y otros que están en permanente peligro de hacerlo, no por causas arbitrarias sino por el papel que ha jugado el hombre en el ecosistema. Las dos especies más destacables en nuestro país y en la península ibérica, son el lince y el lobo ibérico. El primero hace quince años se encontraba en estado crítico de extinción pasando ahora a un estatus más esperanzador: el de “en peligro”. Gracias a WWF Y Proyecto Iberlince en colaboración con la Junta de Andalucía, se está devolviendo al lince a las zonas donde habitó antaño y en las cuales por culpa de la caza furtiva, los atropellos y sobre todo la pésima gestión del ecosistema, se habían extinguido. Ahora podemos contar con unos cuatrocientos ejemplares distribuidos por Andalucía, Sierra Morena oriental (Ciudad Real), Montes de Toledo, el valle de Matachel en Extremadura y el valle del Guadiana en Portugal. En el año que ahora despedimos, han nacido treinta y cuatro cachorros de lince ibérico en libertad. Su compañero de península, el lobo ibérico, también estuvo durante siglos en peligro crítico de extinción. Si en el caso del lince era la destrucción del ecosistema, la caza furtiva o los atropellos los principales peligros para la especie, en el caso del lobo, hay que sumar además un lastre cultural, social y político que arrastra desde hace centenares de años. En el siglo XIX una de las profesiones más veneradas era la del cazador de lobos, una especie de héroe popular que libraba a las buenas gentes de los pueblos de esta alimaña relacionada incluso con el diablo, cuando no había más diablo en todo esto que la ignorancia que poseía a las almas de un país ahogado en sus propias supercherías. Estas leyes retornaron e incluso se perfeccionaron para desgracia del lobo, con el Franquismo hasta los años setenta. En esta década el número de ejemplares de lobo ibérico no pasaba de cuatrocientos, hoy probablemente sean más de dos mil los que existan en nuestro país.

Salvo que la caza de lobo ibérico no está incentivada y promocionada por El Gobierno como hace cuarenta años, el panorama no es que haya cambiado mucho. Aún se permite la caza controlada de una especie que tan siquiera es utilizada para consumo alimenticio. Matar por matar, no hay eufemismos aquí. Comprendiendo la preocupación que los ganaderos y sus familias puedan tener por su único medio de vida, no les culpo precisamente a ellos de ser el acicate o la justificación interesada de que exista aún una política de control de la especie. Más bien es un problema sistémico. Como decía al principio, una cosa es asumir nuestro papel como especie hegemónica, los capataces de este rancho llamado Planeta Tierra y otra muy distinta es gestionar pésimamente sus recursos en contra del resto de las especies y como no, directa o indirectamente también en contra de los intereses relativos a la nuestra.

El lobo al igual que otros muchos animales salvajes, no hace otra cosa que verse forzado a salir de su hábitat para buscar las necesidades que el hombre a esquilmado en ella y poder recuperar a veces en forma de traumáticas y dolorosas matanzas de ganado, el alimento que la urbanización  de su territorio, le ha quitado. Es objetivamente un hecho nefasto para los habitantes de estas zonas rurales, es algo más que comprensible, pero el culpable ya está señalado más arriba y no aúlla, tampoco tiene las orejas de punta, ni cuatro patas sino dos.

Con la esperanza de que algún día la especie humana tome conciencia de cuál es su papel en este planeta y agradeciendo de corazón a todas aquellas personas que dedicáis vuestros esfuerzos a mejorar el estado de las cosas, os deseo un próximo año que sea mejor que el anterior.

“Cuando el ser humano extermine todas las especies vegetales y animales de la tierra con su codicia, se dará cuenta de que el dinero no es comestible.”

One thought on “La pareja del año, el lobo y el lince ibérico. Dos símbolos de esperanza para el 2018. | Artículo de opinión | Por Emilio Ortiz”

  1. Alberto says:

    Chapeau por este razonamiento!! Se puede decir mas alto pero no mas claro 👏🏼👏🏼👏🏼

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