La vacuna financiera de la enseñanza

Por Carlos Pardo Martínez, Profesor de Secundaria

En las aulas de secundaria, resulta especialmente notable la desorientada percepción que las generaciones presentes evidencian acerca de contenidos propios de la ciencia económica. No resulta extraño escuchar a alumnos y alumnas mencionar que, con seguridad, ganarán una gran fortuna en bolsa sin asumir ningún riesgo o que, por ejemplo, desconocen por qué a sus padres les restan dinero en una nómina considerando que un trabajo sin un contrato laboral también te permite jubilarte y cobrar una pensión del Estado. Esta circunstancia se manifiesta, en algunos casos, mucho más alarmante, cuando afirman con total convicción que cuando se solicita un préstamo a una institución financiera sólo hay que devolver en el futuro lo que te prestaron y nada más. Otro juicio particularmente frecuente se observa en la opinión generalizada de que la solución a una crisis económica sería simplemente “fabricar” más monedas y billetes.

El lector podría atribuir esta revelación como una percepción excepcionalmente subjetiva, con todo derecho. No obstante, dicho testimonio sería poco preocupante si no hubiese sido confirmada y acreditada por el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE, más conocido como informe PISA. En dicha fuente se pone de manifiesto que un 24,7% de la población muestral sometida a la estadística no consigue alcanzar las competencias y habilidades propias de la disciplina financiera. Esta afirmación representa una efectiva extrapolación de mi propia experiencia hacia una evidencia general que, para más inquietud, no es característica exclusiva de las aulas españolas, ya que dicho informe revela que el 22% de los países desarrollados tampoco logran adquirir la mencionada competencia económica y financiera.

Esta información reitera y descubre, año tras año, un problema que sin duda trascenderá en consecuencias más graves cuanto más tiempo transcurra sin que la sociedad lo enfrente y ataque por medio de uno de los instrumentos más poderosos a su alcance: la educación. Las generaciones presentes son el elemento fundamental para construir no sólo los factores productivos del futuro sino los cimientos sólidos de una sociedad desarrollada. En términos equivalentes, en el mismo sentido que una vacuna inmuniza a una población ante potenciales peligros virales, la educación económica y financiera debe cumplir la misma función para proteger a la sociedad de los posibles riesgos derivados de las crisis económicas, recesiones y perturbaciones propias de las economías mixtas actuales. Quizás Adam Smith, el padre de la economía, diría que los culpables son todos y nadie al mismo tiempo. Sin embargo, resucitando las palabras de William Shakespeare en La tragedia de Julio César, “la culpa, querido Bruto, no es de nuestra estrella, sino nuestra”. Para evitar dicha culpabilidad, por tanto, resulta necesario incidir en la educación económica y financiera en las aulas españolas.

 

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